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¿Encuesta anónima o con nombre? Cómo elegir

El anonimato cambia lo que te cuentan y lo que puedes hacer después. Una guía breve para elegir el modo antes de enviar el enlace.

El anonimato no es un ajuste de privacidad que activas al final. Cambia las respuestas que vas a recibir, así que forma parte de la decisión que tomas antes de escribir la primera pregunta.

Cuándo gana el anonimato

Las respuestas anónimas valen la pena siempre que responder con sinceridad pueda costarle algo a quien contesta: opinar sobre un jefe, admitir que un proceso no se cumple, valorar el trabajo de un compañero.

Pero el precio es real. No puedes repreguntar, no puedes eliminar duplicados de forma fiable y no puedes excluir a quien ha respondido cuarenta veces.

Cuándo gana el nombre

Pide el nombre cuando poder volver a la persona importa más que la franqueza: errores que tendrás que reproducir, peticiones de funciones que querrás aclarar, cualquier caso en que el «quién» cambie lo que harás después.

Las encuestas con nombre además te permiten cerrar el círculo, y contarle a alguien qué cambió gracias a su respuesta es la forma más eficaz de conseguir una segunda respuesta más adelante.

El modo intermedio

Una encuesta anónima para el *público* pero atribuible para *ti* suele ser el término medio honesto: funciona bien en retrospectivas de equipo, donde los resultados se comparten abiertamente pero las respuestas individuales no.

Elijas lo que elijas, déjalo por escrito encima de la primera pregunta. La atribución no declarada es la forma más rápida de perder a alguien para siempre.

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